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Comentario Express: Yo (no) estoy loca
Lunes, 24 Julio 2017 00:30 ¡Escribe el primer comentario! Teatro Petra El Gesto Noble monólogos
Por: Jenny Giraldo García.

Obra: Yo (no) estoy loca.
Grupo: Teatro Petra
¿Dónde la vio? Sala Tespys. Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble
¿Cuándo? Lunes 17 de julio

 

Hay límites marcados por líneas muy delgadas. Ese es un gran riesgo. Entre la cuentería y el monólogo, por ejemplo. O entre el monólogo y el stand up comedy, por poner otro ejemplo. El reciente estreno de Teatro Petra es un monólogo, se llama Yo (no) estoy loca, la dramaturgia y la dirección son de Fabio Rubiano y la actuación y el punto de vista, de Marcela Valencia.

En la sencillez de la escena (sobre todo si la contrastamos con montajes como Labio de Liebre) y la del vestuario de Cielo, el personaje que hace Marcela, se instala el riesgo de esa confusión. Ese es uno de los retos: dejar constancia de que es un monólogo y no otra cosa. Otro de los retos a los que se enfrentan quienes le apuestan al monólogo es mantener la atención de los espectadores, mantener la tensión, ese juego que posibilita el diálogo entre dos o más y que aquí se vuelve mucho más exigente. La misma Marcela dice que a ella la aburren los monólogos, por eso siente que ha sido una de las cosas más difíciles que ha hecho, no era sólo Cielo; a la escena debía llevar también el carácter de sus dos primeros novios, de su mamá, de la señora de la EPS, del almacenista, de su papá, de su marido, de la amante de su marido, del novio de la amante de su marido, del médico... unos 15 personajes, una sola actriz y seis sillas con las que Marcela va armando escenografías de cada escena.

Cuando Fabio le preguntó a Marcela de qué quería hablar, ella le respondió: "sobre la imposibilidad de vivir en un país como Colombia siendo mujer"; y es que ella, con los años, comenzó a sentir con más fuerza el machismo en este país, la forma en la que ciertas actitudes parecen normales en los hombres, pero cuando son las mujeres quienes las asumen, son tildadas de locas. El primer fragmento del monólogo es contundente: ella es loca porque reclama, porque alza la voz, porque exige sus derechos, porque expresa sus desacuerdos. Es loca porque no sigue los patrones, porque no se adapta al molde, porque hace lo que los demás no esperan que haga. Y es por es que para las mujeres es frecuente escuchar la frase: "usted está loca".

La antropóloga Marcela Lagarde habla así de la locura femenina: "En el mundo donde prima la axiología del bien y del mal, las locas son las muy buenas y las muy malas, aquellas mujeres cuyo despliegue exagerado en la vida las llevó a los extremos de la sinrazón". Cielo es una mujer exaltada por las condiciones sociales que la rodean y ese el síntoma de su locura. Así, en la obra se relatan una serie de sucesos relacionados con su vida familiar, amorosa y con la atención en salud en este país. Algunas situaciones pueden enloquecer a cualquiera, hombre o mujer. Otras, son simplemente el resultado de decisiones que nadie esperaba que tomara.

El monólogo pone evidencia esas situaciones, denuncia el machismo, propone reflexiones sobre el lugar de la mujer. Y lo hace con muy buen humor; algunos chistes habituales o palabras claves que hacen reír al público; otras expresiones muy bien tejidas, que provienen de lo absurdo de esa cotidianidad, como las escenas de la EPS, que como aparentes caricaturas, se acercan mucho a lo que los "usuarios" vivimos frente al goce del derecho a la salud. Y vale decir que el texto es el resultado de experiencias que Marcela compartió con Fabio Rubiano, para que este les diera forma de dramaturgia.

Una de las tareas que tiene el actor o la actriz cuando llega al escenario con un monólogo es "llenar" ese espacio vacío, que no haya huecos, que nada sobre y que nada falte. En ese sentido, Marcela Valencia hace gala de sus años de experiencia, es una actriz increíble que se pone a prueba en este monólogo. Gestualidad y corporalidad que nos permiten vincularnos con el personaje y con la historia. Una locura que se evidencia en sus tics, en sus gestos, en los movimientos repetitivos, en esos paréntesis que crea con sus pensamientos trágicos, una serie de situaciones hipotéticas en las que ocurre lo peor. Además, es precisa en los movimientos con los que arma las situaciones en con las seis sillas y en las formas en las asume los demás roles que acompañan a Cielo en la narración.

¿De qué se ríen los espectadores? Esa es una variable que el creador no puede controlar.  Pero lo cierto es que el humor ha sido una herramienta para hablar de lo que nos incomoda, y Yo (no) estoy loca teje esas historias con humor, crea un personaje que se puede parecer a muchas mujeres de este país, genera identificación, de ahí que, dice Marcela, la reacción y comprensión de ellas sean distintas a las de los hombres.

El arte y el teatro tienen que hablar de lo que nos incomoda, la reflexión es la tarea del público. Volviendo a Lagarde:

"Las mujeres locas son las suicidas, las santas, las histéricas, las solteronas, las brujas y las embrujadas, las monjas, las posesas y las iluminadas, las malasmadres, las madrastras, las filicidas, las putas, las castas, las lesbianas, las menopáusicas, las estériles, las abandonadas, las políticas, las sabias, las artistas, las intelectuales, las mujeres solas, las feministas".

Con esta perspectiva, el grito final de la obra es una invitación: tenemos que estar locas para hacernos visibles.

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