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Agité Teatro: nuestra sala del mes
Lunes, 02 Octubre 2017 00:32 ¡Escribe el primer comentario! sala del mes Teatro Medellín nueva sala Agité Teatro Teatro clown Jacques Lecoc
Por: Andrea Giraldo García


Aunque desde hace varios meses las salas de teatro de Medellín se han visto en diversas crisis para afrontar su sostenibilidad, conllevando que algunas de ellas hayan tenido que ser cerradas –hecho lamentable para el arte en esta ciudad– los artistas mantienen la decisión y la convicción de persistir, buscando nuevas maneras de hacer y de mostrarse ante el público.

En esa situación van emergiendo nuevos rostros, nuevas estéticas, nuevas representaciones, nuevas personas, nuevos actores y nuevas Salas de Teatro. Es así como pocos meses después de lamentar el cierre de la sala de la Exfanfarria, los espectadores de teatro de Medellín tuvimos la oportunidad de celebrar nuevamente, esta vez con la apertura de un nuevo lugar para ir a ver teatro; se trata de la sala de Agité Teatro, un colectivo artístico que luego de cinco años de experiencia en el mundo de las artes escénicas, y tras muchas reflexiones sobre la idoneidad o no de hacerse a una sala, decidieron montarla y abrieron sus puertas al público el pasado 23 de febrero.

Durante esos cinco años, los artistas que integran Agité mantuvieron la idea de contar con una sede propia que a su vez les permitiera acoger al público y tener una programación permanente. Sin embargo, su apuesta se enfocaba de manera más concreta en construir una estructura sólida en cuanto a lo artístico, pero también en cuanto a lo laboral y a lo financiero para, a partir de allí, viabilizar la posibilidad de habitar un espacio físico permanentemente.

Agité tiene una propuesta artística basada en el teatro gestual de Jacques Lecoc, la cual desarrollan por medio de teatro clown, teatro bufonesco y teatro de máscaras. Con esta propuesta logran las creaciones que como colectivo artístico les permiten llevar al público sus ideas, sus mensajes y sobretodo sus preguntas. Esta base les ha permitido también consolidar otro público, que es el corporativo, ofreciendo desde el teatro diferentes soluciones a necesidades empresariales. Pero además, es el núcleo de su estrategia pedagógica para generar procesos formativos en las distintas ramas del teatro gestual.

La sala de Agité se encuentra ubicada cerca de la Glorieta de la Vida – aquella que adorna la entrada al Teatro Pablo Tobón Uribe –, bajando por la Avenida La Playa y antes de llegar a la carrera 40 (más precisamente, en el sótano de Pizzas Piccolo). Es un espacio con capacidad para que 50 espectadores gocen, se diviertan, se rían, se estremezcan y disfruten de las obras que presentan, tanto el colectivo como otros artistas invitados. Además, cuenta con una zona social donde antes y después de cada función es posible compartir, socializar, leer o tomarse una bebida.

Aunque no es un espacio de muchísimos metros cuadrados, tiene una distribución circular que les permite realizar todas las actividades necesarias para desarrollar sus puestas en escena, pero también las diferentes gestiones que requieren para sostenerse. El ingreso es por una rampa que conduce hacia la oficina, donde lo más impactante es un enorme tablero lleno de ideas, de planes, de proyectos, de tareas, de sueños. Afuera de ella están los baños. Continuando el camino por la rampa, se encuentran dos habitaciones adecuadas para hospedar visitantes, artistas y amigos que ocasionalmente buscan un lugar donde quedarse en la ciudad.

Llegamos después al bar, ese espacio pensado para compartir, para conocer nuevos amigos y para atravesar la cuarta pared que existe también por fuera del escenario. Y junto al bar está la sala, el lugar mágico donde se materializa el sueño teatral, cinco bancas con capacidad para diez personas cada una, en las que durante más o menos una hora, quienes se sientan allí pueden desplazar la aburrición y la tristeza, llenando sus miradas de colores, de imágenes alegres, de ocio bien pensado o de críticas contundentes a esta sociedad.

Al lado izquierdo del escenario están el camerino y la sala de producción, desde donde manejan las luces y el sonido. Justo después se encuentra la cocina que, curiosamente, viene quedando debajo de la oficina, esto, por la distribución en forma de circuito que tiene el lugar. Al lado derecho del escenario tienen la zona de producción de escenografía, la cual se conecta con la bodega de vestuario que, a su vez, es contigua a un cuarto oscuro que pretenden adecuar para realizar revelados fotográficos.

Es bastante curioso cómo llegó Agité a su sede. La historia comienza con la decisión tomada, le sigue una búsqueda infructuosa de casas y un hallazgo sorpresivo de “arriendo de salón social”, lo que les llamó la atención y fueron a verla, encontrando que se trataba de un espacio que ya desde antes tenía sus puertas abiertas, tal vez para un público diferente, pero igualmente dispuesto a encontrar maneras de nutrir el alma. Se decidieron a tomarlo y a transformarlo con su propia energía.

Lo que sigue es lo que ha transcurrido en estos siete meses: funciones teatrales propias y de artistas invitados, talleres de formación teatral, talleres de fotografía, etc. Pero además, siguen los retos, como lo plantea Alejandro Puerta, director del grupo, “tener una sala es entender que la sala no se va a mantener sola”, que es necesario seguir fortaleciendo sus líneas de trabajo sin perder de vista en ningún momento el hecho teatral. Y sobretodo, el reto para el grupo está en conservar esa dinámica que se asocia con la palabra “agité”, que deben mantener una renovación constante, adaptarse a las transformaciones que sean necesarias y seguir dándonos a los espectadores la posibilidad de hacernos preguntas y de ser, entre risas, “gente simple para la vida”.

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