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Especiales

El Gesto Noble 2017

Hacer en vez de decir: Juan Carlos Agudelo y la Casa del Silencio
Miércoles, 26 Julio 2017 15:58 ¡Escribe el primer comentario! El Gesto Noble La Casa del Silencio Teatro físico Teatro gestual
Por: Luisa Fernanda Saldarriaga

Entrevista para el periódico El Gesto Noble- El Carmen de Viboral 

 

Por las calles de El Carmen de Viboral se ve pasar a Juan Carlos Agudelo con sus colegas de la Casa del Silencio, un colectivo bogotano que desde hace 20 años se dedica a explorar el teatro físico. Con sombrero tipo Charlot y un collar de chaquiras de colores llegó al Instituto de Cultura para dictar un taller en el marco del XXII Festival Internacional de Teatro El Gesto Noble. Después de escucharlo hablar de “calidades de movimiento” y “dinamoritmos”, después de ver a los asistentes jugar a preguntarse y responderse sin palabras, solo con el cuerpo, me senté a conversar con el investigador, el intérprete y el maestro del silencio.

Luisa Saldarriaga: ¿Cómo llega Juan Carlos Agudelo al teatro físico?

Juan Carlos Agudelo: Yo empecé haciendo mimo y teatro empírico como muchos, en la calle, en Cali. Pero en el año 84 vi un video de Marcel Marceau y me enamoré, lloré, me estremecí. Hice algunas locuras para intentar acercarme a él, y en el 89 por fin me fui para la escuela Marceau. Años después volví a Colombia a dar unos talleres en varias ciudades, y decidí regresarme en el 97 para armar aquí mi primer laboratorio de teatro físico. Así nace la Casa del Silencio.

LS: ¿Qué es eso del teatro físico? ¿De dónde viene?

JCA: Yo diría que el teatro físico es algo relativamente nuevo. En los años 70 se empezaron a hacer exploraciones corporales diferentes a las del teatro tradicional. Una de ellas es el mimo corporal dramático, una gramática corporal que propone Étienne Decroux, el padre del mimo contemporáneo, y que da pistas hacia la formación de un actor distinto, que no es descriptivo como el mimo tradicional o el teatro aristotélico, sino que busca la metáfora, lograr que el espectador piense un poquito más. Decroux se inclina hacia un teatro que no se sustenta en la palabra sino en el cuerpo. Marcel Marceau, que fue discípulo de Decroux, le apuesta además a un teatro universal, que toque, que signifique y que interrogue. Y eso es lo que queremos hacer nosotros, un teatro que hable de la esencia humana, que transforme al espectador.

LS: ¿Entonces la decisión de renunciar al texto no es solo un asunto de forma sino también de fondo?

JCA: Yo siento que no es una renuncia al texto. Detrás de todo lo que hacemos hay una estructura dramatúrgica y un texto sólido, aunque no se manifieste en lo literal o lo verbal. Ángela Valderrama, nuestra dramaturga dice que “en el teatro físico las palabras no están hechas para ser dichas sino para ser hechas”. Ella nos propone unos detonantes, y a partir de ahí nosotros hacemos una segunda dramaturgia, que son las partituras de movimiento. La técnica es muy importante en ese proceso, pues nos permite convertir esos referentes más abstractos acciones concretas, para luego navegar hacia la interpretación, hacia el silencio elocuente.

LS: ¿Qué tanto se conoce el teatro físico en Colombia?

JCA: La mayoría de la gente que trabaja el silencio en Colombia viene haciendo mimo-clown o pantomima, que son cosas distintas. Yo vine a conocer a Decroux en el 89, y antes había escuchado hablar de expresión corporal, de Grotovsky, pero no del mimo corporal dramático, que rompe con las metodologías de entrenamiento, por ejemplo. Somos pocos los que hemos tenido la fortuna de salir, aprender la técnica y venir a enseñarla. Lo importante ahora es que podamos encaminarla a las preguntas propias sobre lo que hacemos y sobre lo que pasa en el país. A mí me interesa hablar de lo que me toca, de lo que me interroga. No quedarme solamente en la forma, en lo novedoso o lo virtuoso.

LS: ¿Por qué elegiste el silencio?

JCA: Porque me parece muy poderoso. Te permite tener una comunicación directa con otras culturas, no tienes ninguna barrera de lenguaje y eso es muy bonito. En el cuerpo está la universalidad: todo en la vida pasa por el cuerpo.

 

 

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